Presidio Trabaja A Preservar Un Cementerio de Los Lipan Apache Y Contar Su Historia

En Presidio, un pequeño cementerio parece olvidado. Pero los descendientes del pueblo Lipan Apache han estado trabajando para proteger el sitio durante años.| Read this story in English

Aunque este montículo sencillo no se ve como mucho, es parte en una pieza importante en la historia del oeste de Texas. (Sarah Vasquez for Marfa Public Radio)

Por Annie Rosenthal | Traducido por Angela Bonilla

Cuando miras al Cementerio del Barrio de los Lipanes, no se parece como mucho. 

Está por la calle Market en una colina pequeña entre casas estuco donde lo único que lo separa de la carretera es la línea de un cable colgado en algunos puestos. Adentro, hay entre las piedras gris creosote enredado y chumberas. Si Billy Hernandez no estuviera aquí para enseñarlo, uno no supiera que entre esto hubiera una tumba. 

“Este se ve como uno,” Hernandez dice. “ ¿Puedes ver las piedras pequeñas?”

En mirando alrededor, él moccione a un amonto pequeño escondido entre un neumatico abandonado. “¡Aquí hay más!” 

En cima de la colina, hay dos tumbas que son fáciles de ver. Están marcados por dos cruces negros y cada esta decorada en un nombre pintado borroso. Hernandez camina a la primera. “Aquí esta la tumba de mi bisabuelo,” él dice. “Su nombre fue Felipe Aquilar.” 

(Sarah Vasquez / Marfa Public Radio)

Aunque este montículo sencillo no se ve como mucho, es parte en una pieza importante en la historia del oeste de Texas. Es el área de descanso final de cincuenta personas algunos eran de la tribu Lipan Apache, quienes se estabilizaron un campamento en el área en los 1790s. 

El campamento eventualmente se hizo el barrio central en Presidio: the Barrio de los Lipanes. Hoy en día, varias familias en La Junta, el área de Presidio-Ojinaga, pueden trazar su descendencia a la tribu. Hernandez y su tia, Alicia Jimenez, son algunos de ellos. 

Jimenez de 80 años ha vivido en Presidio toda su vida. Su abuelo fue Felipe Aguilar. Él y su esposa, su abuela de Ojinaga, vivieron en una casa pequeña en la calle O’Reilly, unos bloques del cementerio. 

“Él siempre dijo que era Lipan,” ella dice. “Quería ser enterrado allí.” 

Cuando Jimenez estaba creciendo en Presidio, el cementerio se extendió más de sus límites de hoy. Pero en los 1970s, urbanización empezó a entrar en puntas. Un paseo pavimentada en la parte sur del cementerio y líneas de servicios públicos fue instalado debajo. Las piedras de tumbas marcados empezaron a desparecer. 

Jimenez negó en dejar que el cementerio será olvidado. Como el miembro mayor de la familia, ella se cometió en ser la que cuida las tumbas de sus ancestros. Ella es quien puso las dos cruces negras y les lleva flores cada año. 

“Nunca conocí a mi abuelo. Y aquí estoy años después todavía llevándole flores,” ella dice. “Él tiene que saber quien yo soy y piensa ‘pues ella es una buena niña.’ Ella se riere. 

Jimenez de 80 años ha vivido en Presidio toda su vida y ella se cometió en ser la que cuida las tumbas de sus ancestros. (Sarah Vasquez for Marfa Public Radio)

Jimenez tambien habló de sus ancestros a la generación menor. Su bis sobrina, Christina Hernandez, se crecío en Austin pero pasaba sus veranos en Presidio, donde primero aprendió del cementerio. 

“Me interesa mucho, fascinada con el cementerio que erá parte de una pieza de historia de Presidio olvidado,” ella dice. “Se empezó como un proyecto de la familia donde veníamos más regular y limpiábamos el área. 

Hernandez empezó a ayudar a Jimenez traer flores al cementerio en el Día de los Muertos cuando tenía trece años. Hoy con 43 años, ella viene muchas veces al año de Austin para poner un ramo de flores. 

“Es una señal de respeto, una señal para la familia que no se olvidadó que todavía  recúerdanos de ellos,” ella dice. 

A medida que crecía, Hernandez dice, cuidado por el cementerio la llevó en mirar la historia de Lipan y eventualmente, contactar el administrador de la tribu, Oscar Rodriguez. El consejo de la tribu invitó a Hernandez y Jimenez en aplicar para una inscripción en ser miembros de la tribu Lipan Apache. 

Rodriguez dice que es una gran cosa. Él se creció en El Mulato y cree que sus ancestros tambien estan enterrados en el cementerio en Presidio. Por años, Rodriguez ha luchado contra la idea del que los nativos han desaparecido del área. 

“La narrativa general es esto: un tiempo  atrás, había gente, una gente arcaico que hicieron cosas y dejaron evidencia de su presencia que falleció y se fue.” 

La leyenda urbana se ha recusado con la familia Hernandez-Aguilar y otros en reclamado su herencia indígena que ha reconstruido la historia de Big Bend. 

El cementerio se extendió más de sus límites de hoy. Pero en los 1970s, urbanización empezó a entrar en puntas y las piedras de tumbas marcados empezaron a desparecer. 
(Sarah Vasquez / Marfa Public Radio)

“Yo creo que es algo emocionalmente que está pasando,” dice David Keller, un arqueólogo en el Center for Big Bend Studies. “ Es una corrección en una narrativa descuidado, no se desparecieron. Se fueron a esconder para que seran asesinados.” 

Keller dice que el cementerio es algo clave en la historia de la región. “ Es uno de los sitios definitivo nombrado que se relaciona con la tribu Lipan.” 

El cementerio sigue en riesgo sin protección. Erosión amenaza con destruir las marcadores de tumbas; hay basura en la tierra; y sin una valla, se hace difícil en saber donde se termina el cementerio y los patios de alrededor empiezan. 

“Cuando estaba aquí en el 2013, pude ver tumbas abiertas,” dice Rodriguez. “Estoy hablando de hoyos en la tierra.” 

Casi una década atrás, Rodriguez ayudo en que el sitio fuera diseñado como un hito estatal de antigüedades. El consejo de la ciudad de Presidio también ha votado para protegerlo. En el 2017, miembros de la tribu Lipan Apache condujeron desde el sur de Texas y Nuevo México para ser una ceremonia en el cementerio. 

Este año, la tribu trabajó con la Alianza para la Conservación de Big Bend en solicitar  por un marcador de la historia del estado para el cementerio que debería estar listo el año que viene. 

“Se necesita ser reconocido y honrado,” Keller dice. “Y el marcador histórico contribuirá en gran medida.”

El objetivo de ahora es poner una valla y el mantenimiento regular de las tumbas. 

(Sarah Vasquez / Marfa Public Radio)

“Es un cuidado a largo plazo”, dice Christina Hernández. “Evitar la erosión y mantenerlo limpio, para que no sólo ese pedacito de tierra cuadrada olvidada con montones de piedras. Para que haya dignidad en ese espacio.” 

Rodriguez lo quiere también. Para él, es para enseñar que el cementerio es más que una reminiscencia en la historia de la región. 

“El cementerio dice que la gente no solamente se murió pero también vivían allí. Y siguen viviendo allí”, dice Rodriguez. “Así que los Lipanes —muy parecido a ese cementerio — estamos bastantes marcados, pero seguimos ahí”.

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