Tras casi dos años de aislamiento, Boquillas se prepara para reabrir

En marzo de 2020, el pequeño puesto de entrada que conecta el pueblo de Boquillas con el Parque Nacional de Big Bend cerró por completo, separando a la comunidad de los turistas que la mantenían. Durante los últimos veinte meses, los residentes han tenido que ser muy creativos y tecnológicos para llegar a fin de mes. Ahora, tras ver cómo desde principios de este mes se levantan las restricciones en el resto de la frontera, celebran la reapertura de su propio paso fronterizo.|Read this story in English

Cuando se cerró la frontera, Beronica Ureste, residente de Boquillas, trasladó su negocio a Facebook. Ahora, ha podido vender artesanías a personas tan lejanas como Dallas y San Antonio. (Alfredo Corchado / Dallas Morning News)

Por Annie Rosenthal, Traducido por Maria Arce

Una tarde reciente, Berónica Ureste se adentró en medio del Río Grande a caballo, llevando una bolsa con las artesanías que ha hecho para los turistas estadounidenses: delantales y bolsos bordados con la flora y la fauna de las tierras fronterizas.

“Ocotillos, correcaminos, burros… eso es lo que vendemos”, explica, inclinándose sobre el agua para mostrar los diseños.

La cita ribereña es un poco incómoda, pero desde hace casi dos años es la principal opción de Ureste cuando quiere reunirse con alguien en EE.UU. Vive en Boquillas del Carmen, una comunidad de apenas 250 habitantes en el lado mexicano. En marzo de 2020, el pequeño paso fronterizo que suele conectar Boquillas con el parque se cerró por completo, una medida de la pandemia destinada a proteger tanto al pueblo rural como a los visitantes de Big Bend. Y mientras las comunidades a lo largo del Río Grande han celebrado el levantamiento de las restricciones a los viajes por el COVID, el cruce aquí no se abrirá hasta mañana – lo más pronto que hubo disponible personal para atender el pequeño puesto. 

Ureste dice que es difícil ver otros pasos abiertos mientras ella sigue esperando. “Pero”, dice, “entendemos que somos un pueblo pequeño y nuestro cruce es diferente”. 

El paso fronterizo internacional de Boquillas es único en ciertos aspectos. El puesto de vigilancia está atendido por guardabosques y supervisado a distancia por funcionarios de aduanas de Presidio o El Paso. Y aunque a los ciudadanos estadounidenses y a los trabajadores “esenciales” se les permitió cruzar por otros pasos durante la pandemia, aquí no hubo tales excepciones. Bob Krumenaker, Superintendente del Parque Nacional de Big Bend, dice que eso tiene que ver en parte con la economía.

“Comparemos Boquillas en un extremo del espectro con El Paso-Juárez en el otro, donde hay grandes autopistas, hay líneas de tren, hay una enorme cantidad de tránsito de mercancías y de negocios”, dice. “Boquillas es probablemente el primero en cerrar y el último en abrir de todos los puestos, porque desde el punto de vista económico sobre una base global, no sucede mucho aquí”.

En marzo de 2020, el pequeño puesto de entrada que conecta Boquillas con el Parque Nacional de Big Bend cerró por completo, separando a la comunidad de los turistas que la mantenían. El cruce se reabrirá el 17 de noviembre. (Annie Rosenthal / Marfa Public Radio)

Aunque no lo sea nivel global, para gente como Ureste, el cruce es vital. Antes de la pandemia, Boquillas recibía miles de visitantes al año: turistas del parque nacional que cruzaban en una barca y subían en burro al pueblo para conocer la vida rural mexicana. Por eso, cuando se cerró el paso, Ureste y sus vecinos se encontraron sin su fuente de ingresos y totalmente aislados. Mientras que la tienda de la Villa de Río Grande está a sólo unos minutos en el lado estadounidense, la tienda de comestibles más cercana en México está a cuatro horas de Boquillas, en la ciudad de Músquiz.

“Somos una comunidad muy alejada de las demás ciudades”, dice Ureste. “Y ahora mismo es difícil”.

No es la primera vez que los habitantes de Boquillas se encuentran desamparados. Tras el 11 de Septiembre, el paso fronterizo estuvo cerrado durante más de una década. Más recientemente, cuando el estancamiento de las negociaciones presupuestarias en el Congreso provocó un cierre del gobierno, el puesto estuvo cerrado durante más de un mes. 

La comunidad ha aprendido a ser creativa para llegar a fin de mes. Algunos hombres del pueblo todavía cruzan el río para dejar artesanías en un mirador del lado estadounidense, donde los turistas dejan el pago en latas de café. Otros residentes, como Ureste, han trasladado sus negocios a Internet, a plataformas como Facebook.

“Al principio, tenía mucho miedo”, dice. “Apenas usaba Facebook y ni siquiera sabía cómo hacerlo. Incluso cómo publicar”.

Con el tiempo, sin embargo, se ha hecho con una clientela en todo el estado de Texas. Su padre, que vive en Marfa, hace regularmente un viaje de un día entero a través del paso de entrada de Presidio para recoger la mercancía en Boquillas y llevarla a los compradores de Marfa y Alpine. Ahora, Ureste tiene clientes tan lejanos como en San Antonio y Dallas.

Durante la pandemia, algunos residentes de Boquillas dejaron sus artesanías en un mirador, donde los turistas podían pagarlas. Otros trasladaron sus negocios en línea, confiando en miembros de su familia en los EE. UU. para ayudarlos a entregar los productos.(Annie Rosenthal / Marfa Public Radio)

Los vecinos de la cercana Terlingua también han colaborado. “Recaudamos unos $20,000 que se destinaron a suministros de emergencia y alimentos, pañales, comida para bebés, todo lo que necesitaban”, dice Mike Davidson, que dirige el Ferry Internacional de Boquillas, el bote de remos que cruza a la gente al otro lado del río en tiempos normales.

El gobierno de Estados Unidos también echó una mano en silencio: Ureste dice que durante el verano, estadounidenses uniformados invitaron a los residentes de Boquillas a la orilla del río para que se vacunaran.

Ese espíritu de ayuda es lo que ha hecho soportables estos dos últimos años, dice Ureste. Explica que el cierre ha sido especialmente duro para las mujeres de Boquillas, muchas de las cuales estaban acostumbradas a reunirse con los clientes en la puerta de sus casas y prefieren no arriesgarse a cruzar el río con discreción cuando tienen hijos que cuidar. Y no se trata sólo del trabajo: como madre de dos hijos, dice, le ha resultado difícil ver que sus niños no puedan jugar con sus primos en el lado estadounidense.

Krumenaker también está deseando que llegue la reapertura del miércoles. “Visitar un pequeño pueblo mexicano forma parte de la experiencia típica del visitante del Parque Nacional del Big Bend”, dice. El paso de Boquillas registró más de 18,000 cruces al año antes de la pandemia, y Krumenaker dice que 2020 iba camino de ser un año récord antes del cierre.

“No hay ningún otro parque nacional o experiencia posible que puedas tener en los Estados Unidos donde, como parte de una experiencia recreativa o de conservación bastante segura y bien gestionada, también puedas experimentar un pequeño trozo de otro país”, añade.

El director del paso de Presidio, Jesús Luis Chávez, dice que oficiales de aduanas estarán en el lugar para ayudar a gestionar la reapertura el miércoles. Durante el invierno, el cruce estará abierto de miércoles a domingo, de 9 am a 4 pm. De acuerdo con las nuevas directrices del Departamento de Seguridad Nacional, los visitantes que no sean ciudadanos de EE.UU. tendrán que presentar una prueba de vacunación para volver a entrar en el país.

De pie en el río, Ureste dice que está emocionada por dar la bienvenida a los visitantes a Boquillas este miércoles. A pesar de los muchos retos que supuso el cierre por la pandemia, dice, la comunidad se ha mantenido prácticamente intacta. Durante la década que duró el cierre tras el 11 de Septiembre, calcula que todas las familias, excepto 15, se mudaron, pero esta vez casi nadie ha abandonado el pueblo. Ureste también piensa quedarse.

“Me encanta mi ciudad”, dice. “He salido y vivido en grandes ciudades y no me gusta. Aquí me encanta”.

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Alfredo Corchado de Dallas Morning News ha colaborado en la redacción de este reportaje.

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